Eran padres y padres en cierne, jugadores de fútbol estadounidense en la escuela secundaria y exinfantes de Marina, bomberos de primera generación e hijos de bomberos forestales.
Lo que unía al equipo de bomberos forestales de élite de Granite Mountain era el “amor al trabajo duro y las aventuras peligrosas”, así como el deseo de arriesgar sus vidas para proteger a otros. Y ahora, 19 familias comparten el dolor causado por su muerte.
Todos menos uno de la cuadrilla forestal con sede en Prescott perecieron el domingo, cuando un incendio forestal azuzado por el viento les sorprendió en la ladera de una montaña al noroeste de Phoenix.
Fue la mayor pérdida de bomberos combatiendo un incendio forestal en 80 años y el más mortífero en un solo día para una cuadrilla de bomberos desde los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001.
En el mundo de los incendios forestales, “Hotshot” es el nombre que reciben aquellos dispuestos a acudir a la zona más intensa del siniestro. Los considerados mejores de los mejores, cuadrillas de espíritu aventurero cuyo duro entrenamiento les prepara para lo peor.
“Estamos expuestos de forma rutinaria a condiciones extremas del medio ambiente, largas horas de trabajo, largas horas de desplazamientos y las áreas más exigentes en las labores de los bomberos”, proclama la página de internet del grupo. “Comodidades como camas, duchas y comidas calientes no son siempre algo común”.
Por encima de todo, los integrantes de estas cuadrillas se sienten orgullosos de su labor en equipo para solucionar problemas, trabajar juntos y la “capacidad de tomar decisiones en condiciones estresantes”.
“Es una labor de gente joven”, dijo el jefe de los bomberos de Prescott, Dan Fraijo, y las estadísticas le respaldan. De los que murieron, 14 tenían poco más de 20 años y su edad promedio era solamente de 26.
Kevin Woyjeck, de 21 años, solía acompañar a su padre, el capitán Joe Woyjeck, al Departamento de los Bomberos del Condado de Los Ángeles. La casa de los bomberos era como un segundo domicilio.