Mundo

Borges, argentino y europeo


A  Jorge Luis Borges siempre se le ha destacado su “europeismo”, literario.   Sin embargo, títulos como Fervor de Buenos Aires, su primer plenario de 1923, y Para las seis cuerdas, de 1965, en donde presenta sus “milongas”, contradicen lo afirmado por la mayoría de los críticos y de sus lectores, pues son pruebas de su búsqueda también de lo “argentino”, no sólo como una identificación nacional sino también lo “argentino” como un valor universal.

Lo nacional no será sólo un material con que trabajó en su obra poética, sino también lo incluyó e sus cuentos.

En relación a su estética, dijo:  “No soy poseedor de un estética.   El tiempo me ha enseñado algunas astucias: eludir los sinónimos, que tienen la desventaja de sugerir diferencias imaginarias; eludir hispanismos, argentinismos, arcaicos y neologismos; preferir las palabras habituales a las palabras asombrosas; intercalas en un relato rasgos circunstanciales, exigidos ahora por el lector; simular pequeñas incertidumbres, ya que si la realidad es precisa la memoria no lo es; narrar los hechos (esto lo aprendí de Kipling y en las sagas de Islandia) como si no los entendiera del todo; recordar que las normas anteriores no son obligaciones y que el tiempo se encargará de abolirlas”.

 

Quizá, por su genialidad o por su vistísima cultura muchos lo calificaban como un hombre humanamente difícil, y muchas de sus opiniones sobre diversos temas se consideraron insólitas.   De la democracia dijo; “descreo de la democracia, ese curioso abuso de la estadística”.

Quizá, por su genialidad o por su vistísima cultura muchos lo calificaban como un hombre humanamente difícil, y muchas de sus opiniones sobre diversos temas se consideraron insólitas.   De la democracia dijo, “descreo de la democracia, ese curioso abuso de la estadística”.

Última entrega

 

(ver poemas en la página 34 A del diario impreso)


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376813
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América