El presidente Luiz Inácio Lula da Silva ayer intentó teñir de éxito -por los buenos resultados de la economía- la conmemoración del 182 aniversario de la Independencia de Brasil, pero si bien fue aplaudido, enfrentó la protesta de miles de pobres en el Décimo "Grito de los Excluidos".
Lula llegó a los desfiles oficiales en Brasilia en medio de grandes aplausos, de pie sobre el mismo Rolls Royce descapotable que lo llevó a la Presidencia el 1 de enero de 2003, portando la banda presidencial y acompañado de su esposa.
"Vamos a celebrar el Día de la Independencia con la certeza de que no basta con la independencia constitucional (...) estamos demostrando, con el crecimiento de nuestras exportaciones, de la generación de empleos, de la economía brasileña, que estamos avanzando hacia una independencia política, económica y social", había dicho el lunes el ex sindicalista de izquierda.
Mientras miles celebraban las fiestas patrias, otros miles de pobres se manifestaron en todo el país, en el Décimo Grito de los Excluidos, convocado por las organizaciones sociales brasileñas cada 7 de septiembre desde 1995, que este año se vio caracterizado por un desencanto con le gobierno Lula, su tradicional aliado. La principal manifestación del Grito de los Excluidos convocó a 15,000 personas en en Sao Paulo.