Un grupo de geólogos y expertos en tsunamis de Centroamérica propusieron la instalación de un centro de alerta para la detección temprana de estos fenómenos naturales en Panamá, así como establecer un sistema de evacuación de las poblaciones potencialmente afectadas.
El geólogo Eric Chichaco del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá mencionó que la creación del sistema de alertas fue propuesto durante la celebración del Curso Internacional de Buenas Prácticas en caso de un tsunami.
De acuerdo con Chichaco, al tener Panamá costas en ambos océanos se convierten en un punto estratégico para poder enviar alertas al resto de los países en caso de registrarse un tsumani u otros desastres naturales como huracanes, terremotos o deslizamiento de terreno.
Según Chichaco, los tsumanis pueden tener una gran capacidad destructiva, dependiendo de la intensidad de las olas que se produzcan, aunque estimó que con un buen sistema de alerta se pueden minimizar sus efectos en las poblaciones.
Los tsumanis pueden ser provocados por terremotos, volcanes, meteoritos e incluso explosiones de gran magnitud. Sin embargo, los más comunes son aquellos provocados por fuertes movimientos telúricos.
Los terremotos son la gran causa de tsunamis. Para que un terremoto origine un tsunami, el fondo marino debe ser movido abruptamente en sentido vertical, de modo que el océano es impulsado fuera de su equilibrio normal, y cuando esta inmensa masa de agua trata de recuperar su equilibrio, se generan las olas.
El tamaño del tsunami estará determinado por la magnitud de la deformación vertical del fondo marino. No todos los terremotos generan tsunamis, sino sólo aquellos de magnitud considerable, que ocurren bajo el lecho marino y que son capaces de deformarlo.
En la reunión de la que participaron 20 países de América, se estableció la necesidad que cada país establezca estrategias para la evacuación de las poblaciones costeras y la construcción de refugios para enfrentar desastres naturales.
El sistema de alerta estaría integrado inicialmente por una red de mareógrafos, instalados sobre boyas en el mar, que se encargan de verificar el movimiento de las mareas y su intensidad.
La información sería enviada en tiempo real a un satélite, que luego la transmitiría a una base en tierra para su análisis.
Los datos luego irían a los centros de toma de decisiones del Servicio Nacional de Protección Civil (SINAPROC), la Policía Nacional, la Autoridad Nacional del Medio Ambiente (ANAM) y la Cruz Roja.