Cientos de camiones de carga mexicanos cruzan la frontera a diario a través de Nogales, con destino a Estados Unidos. En un día movido, grandes filas de camiones esperan por horas, con sus motores encendidos, y sus anticuados caños de escape emiten gases contaminantes.
Los reguladores de la calidad del aire tropiezan con barreras legales en la frontera. Los organismos estatales y federales no pueden forzar a los vehículos fabricados y comprados en México a cumplir con las normas del país en lo que se refiere a las emisiones.
El Departamento de Calidad Ambiental de Arizona está ensayando otra fórmula y ofreciendo a los dueños de camiones mexicanos reemplazar los silenciadores con nuevos convertidores catalíticos que reducen las nocivas emisiones de diésel en hasta un 30%.