El presidente George W. Bush anunció ayer una ambiciosa reforma migratoria que legalizaría a millones de emigrantes ilegales con la esperanza de conquistar el voto latino para las elecciones presidenciales del 2004.
Con la medida, que implicaría otorgar visas temporales a los emigrantes ilegales, el mandatario estadounidense también espera mejorar su relación con el presidente mexicano, Vicente Fox, quien ha luchado para mejorar las condiciones de sus compatriotas en Estados Unidos. Fox y Bush tienen programado un encuentro el 12 de enero, en Monterrey, México.
Fox habló por teléfono con Bush y elogió el plan migratorio, diciendo que hacía “un reconocimiento claro al valor de estas mexicanas y de estos mexicanos que se encuentran trabajando allá, en los Estados Unidos”.
La reforma, la más ambiciosa desde la realizada en 1986, cuenta con el respaldo del sector moderado de su propio partido y la mayoría de los grupos empresariales que se benefician de la mano de obra barata que proporcionan los emigrantes.
La nueva visa temporal tendrá una duración de tres años, con posibilidad de ser renovada y permitirá la legalización de ocho millones de inmigrantes indocumentados, la mitad de ellos provenientes de México.
Los extranjeros también podrán solicitar la nueva visa desde el exterior si demuestran tener un empleo esperándolos en el país. Aún no se ha precisado el mecanismo para hacer esa gestión, según fuentes de la Casa Blanca.
La iniciativa también contempla un endurecimiento de los controles fronterizos y una mayor fiscalización de las empresas que contraten a trabajadores indocumentados.
El equipo para la reelección de Bush en los comicios de noviembre desea captar el apoyo de los hispanos, particularmente en los estados donde tienen un gran peso, como Florida o California.
Grupos de defensa de los hispanos expresaron su decepción con la propuesta migratoria de Bush, a la que consideran una estrategia electoral.
“Estamos profundamente decepcionados porque esta no es una legalización, esta es la creación de un nuevo programa de trabajadores temporarios”, dijo Michelle Waslin, del Consejo Nacional La Raza (NCLR), con sede en Washington, a la AFP.
“Hasta que no demos a la gente la oportunidad de realmente pertenecer a este país (...) no creo que tengamos un sistema migratorio que sirva a los intereses de nuestra nación”, estimó Angela Kelly, vicedirectora del Foro Nacional de Inmigración.
Luego de los tres o seis años de duración de la visa temporaria de trabajo, los trabajadores extranjeros sólo tendrían como opción “volver a ser indocumentados o regresar a casa”, afirmó.