El presidente estadounidense, George W. Bush, abrió ayer la cumbre del G8 en Sea Island con el éxito logrado en la ONU con la nueva resolución sobre Irak, cuya aprobación podría sellar la reconciliación entre los ocho países más industrializados del mundo.
La aprobación del nuevo texto por países como Francia, Alemania y Rusia, firmes adversarios de la guerra en Irak, abrió la perspectiva de que los jefes de Estado y de Gobierno del G8 dejen atrás sus discrepancias durante la cumbre que se prolongará hasta mañana en el acomodado balneario de Georgia.
Bush, que pasó el día recibiendo a sus huéspedes, se había declarado "encantado" por la perspectiva de la adopción del texto, que respalda el traspaso de poder a los iraquíes el próximo 30 de junio.
El primero en ofrecer una reacción, recién llegado a Sea Island, fue el primer ministro británico, Tony Blair.
"Es un paso importante para el nuevo Irak", declaró a la prensa el primer ministro británico, quien se felicitó asimismo por la unanimidad lograda en el Consejo de Seguridad, donde la resolución fue adoptada por sus 15 miembros.
La situación en Irak será obviamente el tema central de la reunión, aunque los líderes del G8 también deberían dedicar su tiempo a otras decisiones.
Una de ellas podría tener consecuencias importantes en América Latina: la aprobación de medidas que permitan recortar por la mitad el costo del envío de remesas de los emigrantes.
Un centenar de personas se manifestaron sin incidentes en Savannah para protestar contra la Cumbre, ante la vigilancia policial.