Los presidentes de Rusia y EU enterraron ayer sus diferencias por la guerra de Irak, país donde quieren aumentar su colaboración, y trataron de buscar un punto de entendimiento sobre el programa nuclear de Irán, en una reunión que intentó mostrar la solidez de su relación.
En su primer encuentro tras la guerra de Irak, Vladimir Putin y George W. Bush hicieron gala de que las disputas sobre ese conflicto no serán un obstáculo para continuar su amistad y la cooperación mutua por encima de las diferencias.
Sobre Irak, los dos presidentes se esforzaron en asegurar que aumentarán su cooperación, reanudada tras el voto favorable de Moscú a la resolución de la ONU que puso fin a las sanciones económicas a Irak.
"Debemos trabajar conjuntamente para mejorar la vida de los ciudadanos iraquíes", afirmó Bush. Sobre Irán, ambos mandatarios manifestaron su inquietud por el programa nuclear de Teherán, en buena parte impulsado por las exportaciones de empresas rusas de tecnología atómica.
"Rusia y Estados Unidos tienen una preocupación mutua por el avance del programa nuclear iraní", afirmó Bush en una declaraciones conjuntas, en las que avisó de las "consecuencias de que Irán tenga un arma nuclear".
Por ello, dijo que ambos países y la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA) trabajarán para insistir a Irán que "no tenga un arma nuclear". También, ambos mandatarios instaron ayer a Corea del Norte para que abandone el desarrollo de armas nucleares.
"Tanto Estados Unidos como Rusia están decididos a enfrentar la amenaza de las armas de destrucción masiva"", dijo el mandatario estadounidense. "Instamos firmemente a Corea del Norte a que desmantele en forma visible, verificable e irreversible su programa de armamento nuclear", agregó.
Putin y Bush firmaron e intercambiaron los instrumentos de ratificación del tratado de desarme nuclear firmado en mayo del año pasado, por el cual EU y Rusia se comprometen a reducir sus arsenales a un nivel de 1,700 a 2,200 cabezas atómicas en una década.
Bush anunció a la prensa que invitó a su homólogo ruso a visitarlo en septiembre en Camp David, residencia presidencial norteamericana cercana a Washington.