En Panamá hay unas 56 pandillas que están a punto de suscribir un acuerdo para abandonar sus actividades callejeras y sumarse a los proyectos de reinserción laboral que adelanta el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) y sacar de las calles a cientos de jóvenes en las provincias de Panamá, Colón y Chiriquí.
Los pandilleros que operan áreas peligrosas como Barraza, El Chorrillo, Curundú, San Felipe y la ciudad de Colón han decidido deponer sus armas e integrarse a programas de desarrollo personal para intentar cambiar sus vidas.
Gilberto Toro, encargado de los programas de reinserción de pandilleros, explicó que existen 734 jóvenes dentro de los programas de desarrollo y crecimiento personal, que luego pasarán a los programas educativos del Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano (INADEH).
En estos programas se trabaja con jóvenes adictos, a quienes primero se llevaba a las clínicas de recuperación, luego pasan al programa de desarrollo personal, para entonces poder aspirar a entrar a los programas de la INADEH.
En estos momentos, unos 20 jóvenes se encuentran a nivel de inserción y están a la espera de encontrar una oportunidad laboral, entre las empresas que apoyan estos programas.
Toro aseguró que aunque parezca contradictorio, a pesar de los hechos casi diarios de violencia en donde se ven involucradas pandillas, Panamá no aparece en el mapa de la violencia centroamericano, ya que la incidencia registrada localmente no alcanza los niveles de países como Honduras, El Salvador y Guatemala en donde el pandillerismo se ha convertido en un problema de seguridad nacional.
Por esta condición a veces resulta difícil que organismos internacionales se interesen en ofrecer ayuda para tratar el tema y en ocasiones es necesario hacer grandes esfuerzos para lograr un poco de ayuda.
De acuerdo con una evaluación de los programas que adelanta el sociólogo, si bien existe un grave problema de pandillas y de jóvenes en riesgo, la obtención de fondos para adelantar los proyectos es muy difícil.
No obstante, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) está dando una ayuda para el entrenamiento de funcionarios en cuanto a los derechos y deberes de los jóvenes.
Yo quiero un barrio tranquilo.
Un programa similar es adelantado en Honduras por UNICEF, en donde auspicia la campaña denominada "Yo quiero un barrio tranquilo", que inició con la participación de miles de jóvenes al ritmo del reggae.
Yo quiero un barrio tranquilo también es auspiciado por Fondo de la Población de las Naciones Unidas, la Cooperación Sueca al Desarrollo y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Programa de Paz y Convivencia. Los organizadores esperan que la iniciativa musical, coordinada por el cantautor hondureño Guillermo Anderson, pueda llegar a más de dos millones de jóvenes hondureños a través de la reproducción de vídeos en centros educativos.
El portavoz de UNICEF en Tegucigalpa, Héctor Espinal, dijo que la cruzada a favor de los jóvenes se inició en Tegucigalpa y luego fue lanzada en San Pedro Sula.
La ceremonia inaugural fue esta semana y contó con la participación de representantes de organismo internacionales.