La amenaza de los piratas, que ponen en jaque el tráfico marítimo alrededor del Cuerno de África, es la consecuencia del caos político que reina en Somalia, un país sin un poder firme desde el derrocamiento, en 1991, del dictador Siad Barré por los señores de la guerra, que se repartieron el territorio.
La piratería es también el último eslabón en una cadena de fracasos del Gobierno Federal de Transición, creado en 2004 con el respaldado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y apoyado en tropas etíopes, que ha dejado a Somalia a punto de caer en manos de las milicias islámicas.
Jean Ping, Presidente de la Comisión de la Unión Africana, recalcó que "el aumento de la piratería es indicativo del deterioro de la política en Somalia, que tendrá consecuencias negativas, no sólo para el país, sino para toda la comunidad internacional".
Grupos de piratas, que tienen sus guaridas en Puntlandia, la región semi-autónoma del norte del país, operan sin oposición en las aguas somalís desde 2005 y, este año, sus actividades se han incrementado y han capturado más de 80 buques, por cuyo rescate, según la ONU, han cobrado ya más de $30 millones.
Mientras los piratas prosperan, la inestabilidad del Gobierno del Presidente somalí, Abdullahi Yusuf Ahmed, han reducido las esperanzas del pueblo de tener un Ejecutivo efectivo y las de la comunidad internacional de ver una Somalia estable.