La rapidez de reacción ante los primeros síntomas de un infarto cerebral y unos hábitos de vida saludables son las principales armas para prevenir los efectos de un mal que se ha convertido en una importante causa de muertes y que afecta a 20 millones de personas.
De esta forma, síntomas como la pérdida del habla, de la visión, la inmovilidad de brazos o piernas, significan una emergencia y hay que actuar de inmediato y acudir al hospital, indicó a Efe Hachinski, doctor Honoris Causa por la Universidad de Salamanca.