Josef Fritzl se sentó en el banquillo de los acusados para responder por el encierro y las violaciones reiteradas a que sometió durante 24 años a su hija, en un juicio rápido con la víctima como único testigo de cargo y cuyo veredicto se espera el viernes.
Con traje gris claro y el rostro oculto por una carpeta azul que sostenía con manos temblorosas, Fritzl entró en la sala principal de la Audiencia Provincial de Sankt Pölten, en la que es su primera aparición pública desde que fue arrestado el pasado abril, tras destaparse el caso.