Unos 500 camareros demostraron su habilidad para mantener el equilibrio con sus bandejas cargadas en la quinta carrera de mozos, en la que recorrieron unos 1,600 metros de una céntrica avenida de Buenos Aires en una desapacible tarde del otoño austral.
Llevaban en la bandeja, dos gaseosas y un vaso lleno de líquido, y no tenían que derramar una gota.