De no ser por un par de autos estacionados en el exterior, se pensaría que se trata de un edificio abandonado, al igual que su vecino el velódromo, y no el sitio donde trabajan a diario 32 personas, quienes se encargan de la Editorial Mariano Arosemena, entidad del Instituto Nacional de Cultura (INAC) y en donde se editan las colecciones Ricardo Miró y la de literatura infantil Medio Pollito.
Nadie pudo explicar por qué se escogió ese lugar para instalar la imprenta, que está a unos 20 kms. del centro de la ciudad y alejada de todas las instituciones públicas.
Entre las reliquias, aún en operación, se encuentra una máquina de linotipo a plomo, con la que se confeccionan los boletos para las funciones del Teatro Nacional. La estructura y la mayoría de sus equipos, salvo algunos donados por el Gobierno japonés, datan de hace 30 años y no todos están en funcionamiento. Miles de libros que se encuentran en el depósito son víctimas de la humedad y el tiempo que los carcome, cuando podrían ser utilizados en centros educativos.
Hace un año se puso en venta el globo de terreno en donde está la imprenta, que colinda con el Aeropuerto Internacional de Tocumen, que se encuentra en expansión.
La Directora Nacional de Publicación y Comunicación del INAC, Leslie Mock, reconoció que la estructura está enferma.
"El deterioro de esas instalaciones es histórico y en 30 años nadie hizo nada" por brindarle un digno lugar a los equipos ni a los funcionarios quienes se encargan de imprimir las obras de autores nacionales, pero ahora se ha decidido subsanar esta situación, aseguró.
Destacó que el reto de modernizar las instalaciones es grande, porque se requiere de recursos económicos que el INAC no tiene.
Aseguró que hace poco se trasladó parte del personal y los libros hacia la sede central del INAC, pero el resto del equipo se quedará en un área del actual edificio, que será demolido en un futuro próximo.
Sostuvo que es necesario modernizar y actualizar al personal de la imprenta para optimizar su funcionamiento y ubicar un lugar donde mantener en funcionamiento los equipos y seguir brindando el servicio.
Reconoció que mucha de la maquinaria en operación es obsoleta y debería estar en un museo, pero todo no se puede solucionar en un sólo día.
La escritora Ileana Gólcher, quien hace tres meses realizó una investigación sobre esta estructura, reveló su sorpresa que ante la precariedad de las bibliotecas escolares y universitarias, y en el año dedicado a promover la lectura iberoamericana, miles de libros han colapsado sin que se perciba un plan de mercadeo integral que incluya una reformulación de la artesanal y anacrónica línea editorial de las publicaciones de la institución.
A su juicio, esto es consecuencia inevitable de la carencia de una política que promueva el libro panameño, amenazado por la reverencia hacia los libros extranjeros.
Hizo un llamado a las múltiples entidades preocupadas por la cultura, a los gremios de educadores, estudiantes, universidades, a la Academia Panameña de la Lengua y otras a que se pronuncien y movilicen voluntades y recursos para que el estado de coma y vergonzosa agonía en que se encuentran estos libros sea superado.