El presidente Hugo Chávez instaló oficialmente ayer la comisión presidencial de diálogo que tiene la misión de desactivar las tensiones de Venezuela tras el efímero golpe de estado del 12 de abril. El mandatario advirtió que "debemos reconocer que hay factores de perturbación todavía moviéndose, hay causas todavía presentes; por supuesto, hay actores que a lo mejor pudieran estar pensando en insistir, en buscar una vía inconstitucional".
"Hay tensiones vivas. Ya lo hemos dicho: hago un llamado para que todos pongamos la mayor de nuestras capacidades, de nuestra voluntad para desactivar en colectivo los generadores del mal, del peligro, de la amenaza", instó.
La comisión presidencial, de 39 miembros, está integrada por personalidades de todos los sectores, entre los que destacan el obispo Mario Moronta, el líder industrial Miguel Pérez Abad, el economista Tobías Nóbrega, el sindicalista Ramón Machuca (siderúrgico, el mayor sindicato del país) y el conocido escritor Ibsen Martínez, entre otros. Esta comisión estará encabezada por el nuevo vicepresidente, designado el domingo, José Vicente Rangel, llamado el"operador político" del mandatario.
Chávez fue el último de los 13 oradores que hicieron uso de la palabra en el acto realizado en el mismo salón en el que el 12 de abril el empresario Pedro Carmona se declaró presidente de un gobierno cívico-militar, dispuso la disolución del congreso y destituyó a los principales magistrados judiciales. "Toda tiranía es horrenda, pero lo que vimos desde este mismo salón fue el rostro, los colmillos, del más horroroso de los regímenes políticos que puede existir, la tiranía". "Pero también creo que le vimos el rostro a algo que también sería terrible (...): la posibilidad de una guerra civil, cerca estuvo de que Venezuela se fuese por el barranco de la guerra civil", advirtió.
"Millones salieron por calles, pueblos, carreteras, y en los cuarteles muchos militares listos, con sus soldados, fusiles y tanques para enfrentarse unos a otros", evocó. "Gracias a la conciencia de la gran mayoría de los venezolanos, y gracias a la conciencia de la gran mayoría de los soldados, aquello fue una pesadilla de 48 horas", expresó.
Una gigantesca marcha opositora enfiló en la tarde del 11 de abril al céntrico palacio presidencial de Miraflores, donde se apostaban decenas de miles de seguidores de Chávez. Los primeros enfrentamientos degenraron en un feroz tiroteo que dejó ese día un saldo de 17 muertes y más de un centenar de heridos. Por la noche, los altos mandos militares concentrados en Caracas fueron retirando el apoyo a Chávez, hasta concretarse el golpe de estado en la madrugada del viernes 12 de abril.
La oficialidad y tropas leales a Chávez y su fiel pueblo pobre se levantaron el sábado, restituyéndole en la madrugada del domingo en el poder. La violencia desatada entre el 11 y el 14 de abril, con saqueos en zonas populosas mayormente, dejaron un saldo de 57 muertes y 400 heridos.