UN ESPELUZNANTE vídeo tomado por el Ejército Rojo en Pripiat, la ciudad más cercana al averiado reactor nuclear de Chernobyl, muestra la evacuación de miles de personas, en una fría mañana de abril de 1986.
Mientras corre el rollo de la filmación, pequeñas chispas color blanco golpean el lente, fiel signo de que la contaminación radioactiva estaba en el aire a niveles muy peligrosos.
Hay tantas historias increíbles acerca de esta catástrofe, pero la que más impacta es su significado "apocalíptico".
"El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha. Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas". Apocalipsis 8: 10-11.
Estas palabras, escritas por San Juan hace 2, 000 años, parecen revelar la tragedia vivida en Ucrania hace 20 años.
Aquella "estrella de ajenjo", era el fiel símbolo de la otrora Unión Soviética y su imperio en Europa del Este.
Tatiana Sinitsina, reportera de la agencia de noticias RIA Novosti, recorrió hace poco la zona de Chernobyl en Ucrania.
La central atómica tiene una región de exclusión, en donde se prohibe el ingreso de personas en un radio de 30 kilómetros a la redonda.
Casas, edificios y granjas en esa zona son sitios fantasmas, muchos dejaron todo atrás por el miedo al terror invisible.
Según la periodista, hay severas deficiencias técnicas en las medidas de seguridad que contienen las fugas de radiación en la colapsada central atómica ucraniana.
El 26 de abril de 1986, una falla catastrófica en uno de los reactores de la central provocó su estallido, liberando energía fisionable en sus alrededores.
"La explosión iluminó las pintorescas orillas del río Pripiat a la una y 23 minutos del ese día. El grupo que trabajadores de la central que aquella noche estuvieron de guardia en la sala del cuatro reactor, fueron víctimas del inicial ataque radioactivo. Estando aún vivos, les quitaban la ropa junto con la piel adherida a ella", dice Sinitsina.
La dosis letal contaminó sus aguas, volviéndolas amargas. ¿Coincidencia?
Alexander Borovoi, considerado en Rusia y Ucrania como un "héroe" viviente, es el especialista que se encarga de vigilar el cajón o "sarcófago" de concreto reforzado que cubre el reactor cuatro de Chernobyl.
Una de las escenas más terribles del hecatombe, fue su primera visita al edificio: "Ruinas, escombros, tinieblas radiactivas con olor a ozono y de repente una voz: ¡Presente su documento! Qué frío, era un soldado de guardia al que le dije: "Huye de aquí". No puedo, me dejar el puesto, he prestado juramento, me contesto. A duras penas, logré convencerlo de salir de ese infierno", dice el físico nuclear.
Borovoi dirige el denominado "Instituto Kurtachov", que por espacio de 16 años ha investigado el accidente.
Más de 500 especialistas del grupo han pasado por el lugar, muchos de ellos han fallecido por la radiación. Según el especialista, el "sarcófago" se está desmoronando y hay fugas.
"Lamentablemente, el sarcófago no es fiable", alerta Borovoi. No se descarta el peligro de su derrumbe y el polvo nuclear puede salir otra vez a la atmósfera.
Bajo el "sarcófago", se hallan enterradas 185 toneladas de combustible nuclear cuya actividad es igual a 16 millones de curios. Una parte del combustible (5%) se diseminó en la explosión de 1986 en territorio aledaño.
Dice Borovoi que si vemos que el cesio se desintegra en 30 años y el plutonio en 24, 000 años, se puede decir que la herida radiactiva de Chernobyl en la Tierra tardara infinitamente en cicatrizarse.
"Pusimos al monstruo dentro y ahora éste asoma su cabeza, parece que nuestro trabajo fue en vano", se cuestiona Borovoi.
Tanto Rusia como Ucrania han pedido a la comunidad internacional que se adelanten los trabajos para construir un nuevo cajón: el "Refugio-2".
Ya en han otorgado 760 millones de dólares para tapar las fugas y pronto se espera el inicio de las obras del nuevo "sarcófago" que atenuará un poco el "amargo sabor" de Chernobyl.