Miles de musulmanes chiítas aprovecharon sus nuevas libertades para realizar una protesta política ayer y criticar a Estados Unidos, mientras sus correligionarios iniciaban las últimas oraciones de una fervorosa peregrinación religiosa que puso de manifiesto su poder político en potencia.
Más de un millón de chiítas atestaron esta ciudad santa para un festival en que se llora el martirio del nieto del profeta Mahoma. Algunos peregrinos se flagelaban y otros se infligían heridas en la cabeza, en ritos largamente prohibidos bajo el régimen de Sadam Hussein.
En una manifestación, los participantes llevaban pancartas con leyendas como, “Estados Unidos no, Israel no, Islam sí’’. Marcharon durante una hora y se dispersaron.
Muchos chiítas desde seculares hasta fundamentalistas festejan la caída de Sadam, pero desconfían de Estados Unidos y sus intenciones para el futuro del país.
“Sadam Hussein era funesto. Estados Unidos también lo es’’, dijo Judayer Abbas Musawi, un estudiante de ingeniería. Estados Unidos no vino a liberar al pueblo iraquí sino en busca de petróleo. Vino a ocupar, no a liberar. “Los norteamericanos echaron a Sadam y ahora deben partir’’. Pero algunos expresaron apoyo a Estados Unidos.