El ex presidente chileno, Salvador Allende recibió un tardío tributo póstumo oficial ayer, en el mismo sitio donde hace casi 30 años optó por una trágica muerte antes que rendirse a un grupo de militares golpistas encabezados por el ex dictador Augusto Pinochet.
Su viuda, una diminuta mujer de 89 años, fue la embajadora de la familia en la ceremonia, en la que el presidente Ricardo Lagos descubrió una placa con una copia de la medalla que Allende recibió en 1970, al asumir como el primer mandatario socialista del mundo en llegar al poder por las urnas, y que rezaba "dueños de nuestro propio destino".
"Este septiembre está cargado de recuerdos dolorosos que golpean a la mayoría de los chilenos. Este país aún no está reconciliado y aún tenemos en Chile una democracia limitada", dijo Hortensia Bussi, en el palacio de gobierno, donde se realizó el homenaje un día antes del aniversario del golpe de Estado.
Allende alcanzó a gobernar casi mil días en medio de un tenso clima de violencia interna, crisis económica y fracturas en el pacto de izquierda que le apoyaba, antes de que los militares liderados por Pinochet tomaran el poder por las armas.
El gobierno de facto duró 17 años y estuvo marcado por la muerte y desaparición de más de 3,000 personas, hecho que ha dividido profundamente a los chilenos, ahora empeñados en recordar cada detalle de los sangrientos días que siguieron al golpe.
"Agradezco en nombre de mi familia y de miles y miles de ciudadanos que creyeron en los sueños de mi padre, este acto de reparación en vísperas de los 30 años de su muerte en este sector del palacio de La Moneda", dijo su hija Isabel Allende, quien es presidenta de la Cámara de Diputados de Chile.
"Mi padre murió en esta sede de gobierno defendiendo la institucionalidad democrática y la dignidad de su cargo", añadió en el Palacio Presidencial de La Moneda.
Lagos, un socialista que lidera el tercer gobierno de centroizquierda tras el fin de la dictadura en 1990, se ha empeñado en reparar la fractura generada por las violaciones a los derechos humanos y que han provocado el enjuiciamiento de cientos de uniformados activos y en retiro.
Dentro de las decenas de conmemoraciones del trigésimo aniversario del golpe de Estado, el gobierno decidió también homenajear al derrocado mandatario con dos pinturas: la primera en el balcón donde solía saludar a sus partidarios con la banda presidencial tricolor cruzada al pecho y otra del mismo balcón derrumbado por el bombardeo aéreo que ordenó Pinochet.
Lagos no habló durante la ceremonia y en nombre del Gobierno lo hizo el ministro del Interior, José Miguel Insulza, quien destacó "el sacrificio claro y conciente", del presidente Allende al optar por el suicidio antes que entregar el poder a las fuerzas golpistas. "Porque somos también parte del presente y del futuro que le siguió, no miramos el pasado con nostalgia ni queremos repetir la historia", dijo el ministro.
En las afueras del Palacio Presidencial se apostaron grupos de derechos humanos que manifestaron su repudio ante una reciente propuesta de Lagos que ofrece mayores reparaciones económicas a las familias de las víctimas, pero también rebajas penales a uniformados que entreguen información sobre el paradero de los desaparecidos.
"Hay graves deficiencias y un trabajo importante por terminar y la problemática que hoy vive la institución no se resolverá tirando piedras, porque Panamá está en una situación económica muy difícil y hay que tener madurez", aseguró el empresario.
Si se comprueba que existe un delito y la vinculación del responsable en la denuncia que hizo el director de la CSS, Juan Jované, acerca de un supuesto delito electoral por parte del candidato presidencial José Miguel Alemán, a la Fiscalía "no le temblaría la mano para pedir un llamamiento a juicio", precisó el fiscal electoral Gerardo Solís.
Luego de la decisión de la Junta Directiva de recomendar la destitución de Jované, éste mostró a la prensa una fotografía donde aparece el candidato José Miguel Alemán inaugurando unas oficinas de la CSS en Colón.