En una ceremonia oficial bajo intensas medidas de seguridad, a fin de evitar la presencia de los disidentes, el gobierno de China incineró ayer los restos de Zhao Ziyang y difundió un obituario sobre el depuesto dirigente comunista, acusándolo de cometer "serios errores" durante las protestas de 1989 en la Plaza de Tiananmen.
Miles de dolientes, muchos de ellos llorando, se congregaron en un salón de ceremonias del cementerio Babaoshan de Pekín, principal camposanto de los héroes revolucionarios. Muchos se inclinaron en señal de respeto frente al cadáver de Zhao, que yacía en unas andas, sin ataúd, y estaba rodeado por plantas de hojas perennes. Estaba vestido con pantalones y chaqueta azul de cuello alto y cubierto con la bandera del Partido Comunista.
Zhao pasó los últimos 15 años de vida bajo arresto domiciliario luego de ser depuesto por simpatizar con los manifestantes de la Plaza Tiananmen, una acción que lo convirtió en un adalid de cambios democráticos.
Luego de varias semanas de lucha, el pasado viernes se realizó un multitudinario" cabildo abierto" en el que se autorizó la constitución de una asamblea que consolidará el primer gobierno autónomo en Santa Cruz.
Ayer, los líderes civiles empezaron a delinear la Asamblea Provisional Autonómica, que hará la transición hacía un régimen descentralizado del Ejecutivo.