La policía japonesa informó que una mujer china que había sido deportada fue capaz de reingresar al país, porque alteró sus huellas digitales sometiéndose a cirugía plástica.
Sus huellas digitales alteradas burlaron los controles biométricos del aeropuerto de Kansai, donde se cotejan las huellas de los pasajeros con la de los deportados y fugitivos.
Sólo se conoció su verdadera identidad cuando fue detenida por simular un casamiento falso con un japonés y se descubrieron cicatrices extrañas en sus dedos.
Según el Mainichi Daily News, entre enero y octubre de este año un total de ocho asiáticos fueron acusados de intentar ingresar al país de forma ilegal alterando sus registros biométricos.
Los registros biométricos identifican a una persona por sus rasgos físicos o de comportamiento.