UNA PROPUESTA a la Organización de Estados Americanos (OEA) para que el acceso a la información científica sea reconocido como un derecho fundamental del ciudadano, fue elevada por directivos de la Asociación Interciencia reunidos en esta capital.
El pronunciamiento, realizado tras la clausura del Décimo Congreso Nacional de Ciencia y Tecnología, señala que el derecho a la información científica debe formar parte de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
En la Declaración de Panamá, los miembros de Interciencia además aseguran que en el siglo XXI es impensable crear más puestos de trabajo, enfrentar la pobreza y fortalecer los gobiernos democráticos sin mejorar la apropiación social de ciencia y tecnología.
En ese sentido, Mehabir P. Gupta, precisó que es necesario un aporte rigurosamente científico en cualquier proceso de decisión y en todas las instituciones que involucran la participación ciudadana, sean éstas gubernamentales o no, la ciencia y la tecnología son indispensables.
Estimó que el analfabetismo científico se asocia a menudo con la pobreza y las malas condiciones de higiene de las sociedades menos privilegiadas.
En la declaración también se establece la necesidad de que la OEA debiera instar a todos los países miembros a incrementar en más de un 1% del Producto Interno Bruto (PIB), la inversión para asuntos científicos y tecnológicos.
En tanto, el francés Michel Bergeron precisó que la propuesta de Interciencia busca lograr una integración en los países latinoamericanos para la difusión de la ciencia y la tecnología.
Sostuvo que es necesario lograr que todos los ciudadanos tengan acceso a la información científica y esta pueda ser utilizada de manera eficiente.
Bergeron planteó la necesidad de establecer una red a nivel continental para conseguir una integración y acceso a la información científica de manera expedita.
También obtener la certificación que esta información sea veraz y que pueda ser utilizada como herramienta para el desarrollo.
Señaló que la existencia de soluciones conocidas para muchos problemas de salud, que aún no se han implementado, constituye uno de los mayores escándalos de las democracias avanzadas.
Para Bergeron es evidente que el nuevo derecho a la información científica no es absoluto y debe ser considerado dentro de la perspectiva de otros, como el de propiedad intelectual y las leyes de patentes internacionales.
Consideró que a partir de este nuevo derecho a la información científica, le corresponde a los gobiernos promover el alfabetismo científico y el uso humanitario de la ciencia y la tecnología.
Estimó que la capacitación en ciencia y tecnología e innovación es necesaria en todas partes, pero aún más en los países menos privilegiados.
A su juicio, sin una capacitación en ciencia y tecnología, el dilema entre subdesarrollo con empleo o modernización sin empleo, nunca quedará resuelto.
Planteó que el uso extensivo de la ciencia y la aplicación de la tecnología local más eficiente puede lograrse mediante la presencia de un grupo de expertos, quienes están mejor situados para interpretar los datos científicos.
Además, es más fácil desarrollar los proyectos si en el país existe esa capacidad, mentes lúcidas y expertos listos para transformar las nuevas ideas en aplicaciones que crearán empleos.
La Asociación Interciencia apoya la implementación de la Agenda Ciencia Electrónica y Conectividad de las Américas.
También promueve la edificación de una sociedad fundamentada en el conocimiento.
Organizaciones como la Asociación Panameña para el Avance de la Ciencia (APANAC) promueven el desarrollo de estas iniciativas.
Ciencia y tecnología para reducir la marginalidad
Se consideran las alternativas para lograr el desarrollo y alcanzar una sociedad más justa e informada.