Un grupo de investigadores de la ciudad austríaca de Graz desarrolló un procedimiento para producir un aroma de vainilla sintético compatible con la protección del medio ambiente, a diferencia del método que se utiliza en la actualidad.
Tan sólo existían dos alternativas para conseguir ese perfume: el aroma natural de la vaina procedente de México, y el uso de la vainillina etílica sintética, para la que se recurre a un producto de petróleo que se fabrica bajo condiciones difíciles, con ozono e hidrógeno explosivo, bajo una temperatura de 78 grados centígrados.
Según comunicó el experto Wolfgang Kroutil del Instituto de Química de Graz, surgió la tercera posibilidad a base de un catalizador biológico, oxígeno del aire y temperaturas normales, que además se puede producir en cualquier recipiente.
La vainillina se obtiene así del ácido ferúlico contenido en las plantas de trigo o de maíz, con un catalizador extraído del rábano picante.
Se calcula que la industria alimenticia, de perfumes y farmacéutica necesitan anualmente 12,000 toneladas de aroma de vainilla, mientras que se cosechan a nivel mundial unas 2,000 toneladas de vainas naturales.