Lo buscan vivo o muerto y ayer en la mañana volvió a desafiar abiertamente a Estados Unidos.
Arropado por miles de sus fieles, el clérigo radical chií, Moqtada Sadr, se atrevió a lanzar el sermón de los viernes desde la mezquita de Kufa. En él arremetió contra las torturas practicadas por los estadounidenses en la prisión de Abu Ghraib.
El líder chiíta pidió que se libere a todos los prisioneros, que la comunidad internacional juzgue a George W. Bush y que sean los propios iraquíes quienes sentencien a los responsables directos de estos actos.
El joven clérigo evitó, sin embargo, hacer cualquier comentario sobre la reciente ofensiva estadounidense en Nayaf y sus alrededores, que ha dejado, según fuentes estadounidenses, unos 41 muertos entre la milicia chií.
Doce milicianos chiítas murieron ayer en enfrentamientos con las tropas estadounidenses en los alrededores de la ciudad santa chiíta de Nayaf.