La secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, dio un doble espaldarazo a Marruecos al alabar repetidamente el proceso de reformas políticas emprendidas por el rey Mohamed VI y el plan marroquí de autonomía para el Sahara.
Clinton comenzó la jornada con el consejero real, Tayeb Fassi Fihri, y continuó con su sucesor, el islamista Saad Eddine Othmani, antes de dirigirse a presidir la ceremonia de puesta de la primera piedra de la nueva embajada estadounidense en Rabat, que será inaugurada en 2015.
Todo fueron alabanzas a “la vía marroquí” de las reformas, y si hubo alguna crítica o sugerencia de tipo político, no apareció en ningún momento en sus declaraciones públicas, tanto en la rueda de prensa con su homólogo Otmani como en el discurso pronunciado en el terreno de la nueva embajada.
En este último llegó a decir que “Marruecos lidera el proceso (de reformas) en todo el Magreb, el Medio Oriente y aun más allá”, con un proceso “que está llegando orgánicamente desde dentro, no es nada importado ni impuesto, llega gracias al pensamiento y el trabajo duro que empieza en el rey Mohamed VI y baja hasta los hombres y mujeres que fueron a votar” en las legislativas de noviembre.