Los contemporáneos de William Shakespeare veían sus obras teatrales comiendo ostras, almejas, cangrejos y diversos frutos secos o bayas.
Eso es lo que han descubierto arqueólogos británicos tras estudiar miles de semillas, pipas, huesos, conchas y otros restos encontrados en el lugar que ocupó el teatro The Rose, junto al Támesis, en tiempos del gran dramaturgo.
Los trabajos de los arqueólogos Julian Bowsher y Pat Miller indican que los miembros más ricos de la audiencia, que asistían a la representación sentados en las galerías, podían permitirse el consumo de frutas importadas del Mediterráneo como uvas, higos secos o melocotones.
Los dos expertos descubrieron también que algunos miembros del público se daban ya al vicio del tabaco, introducido poco antes desde el Nuevo Mundo, pero que se cultivaba ya en las orillas del Támesis.
Asimismo han identificado semillas de calabaza, fruto importado también de América.
En el teatro se utilizaron también miles de cáscaras de avellanas para tapizar el suelo del patio central, en el que los espectadores más pobres seguían de pie la representación.