El religioso, de 54 años, fue condenado en primera instancia el pasado 7 de marzo por un tribunal de Coquimbo, 450 km al norte de Santiago, en una resolución que fue confirmada por la Corte Suprema, la máxima instancia judicial del país.
El sacerdote fue acusado de abusar en 2003 de un joven de 21 años que permanecía internado en estado de coma en el Hospital "San Pablo" de Coquimbo.
De acuerdo al expediente, mientras le administraba la extremaunción el religioso le tocó los genitales al moribundo, "con movimientos circulares y rotatorios".
Debido a una "irreprochable conducta anterior", Peña Benítez fue beneficiado con una disposición que le permitirá cumplir su condena en libertad, pero con la obligación de acudir a firmar todas las semanas al Patronato Nacional de Reos.
Peña Benítez es el segundo sacerdote condenado en Chile por abusos sexuales en menos de tres meses.
La justicia condenó a 12 años de presidio, el pasado 6 de julio, al sacerdote católico José Andrés Aguirre Ovalle, por abusos sexuales contra niñas menores de edad.
"La gente no conoce los nombres de los nuevos grandes capos"", agregó el oficial, que vestía traje.
Estos nuevos traficantes son difíciles de identificar, ya que a diferencia de sus predecesores no supervisan ni están a cargo de la producción directa de cocaína.
Por el contrario, estos nuevos narcos simplemente compran la cocaína y la heroína a los grupos rebeldes y paramilitares, que durante años han instalado grandes y bien protegidos laboratorios para la producción de drogas en lo profundo de las selvas.
Antes los traficantes se agrupaban en torno a los pocos capos que existían, como Escobar, hoy el negocio se volcó al libre mercado, donde abundan los subcontratistas.
Los interesados en el tráfico pueden negociar con varios grupos para comprar cocaína y heroína y entonces por separado acuerdan el envío de los cargamentos, en particular a México para luego ser derivados a Estados Unidos.
Esta nueva forma de hacer negocios ha convertido a los narcotraficantes mexicanos, que tradicionalmente permanecían en casa a la espera que sus pares colombianos les enviaran los pedidos, en hombres de negocios viajeros.