Trabajé unos siete años con una misma familia, allí sufrí abusos de toda clase, como insultos, humillaciones y horarios muy largos.
Esa situación la viven muchas muchachas que vienen del campo a trabajar en casa de familia, aseguró. Le voy a contar algo increíble, dijo. En el edificio donde trabajé, conocí a otras domésticas, y las tratan como esclavas, tanto así que les compraban alimentos de baja calidad para ellas. Además, les pegan, no les dan días libres, les pagan una miseria y les cobran todo lo que se dañe. Si protestan las amenazan con acusarlas de robo y otras cosas.