El conflicto boliviano, que deja ya 19 muertos, amenaza prolongarse debido a la intransigencia de los cocaleros del Chapare, que en defensa a sus cultivos cierran hace seis días la principal vía del país, y del Gobierno de no dialogar bajo medidas de fuerza, que ha hecho estériles los esfuerzos mediadores.
Ejército y Policía y productores de coca libran recurrentes escaramuzas en la espesura del bosque tropical del Chapare, otrora centro productor de drogas, mientras el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada y el líder de la protesta, el cocalero Evo Morales, irreductibles en sus respectivos condicionamientos para reanudar el diálogo, cerraron por ahora una solución a la crisis.
La cocalera Tomasa Mamani, de 60 años, aquejada por una antigua dolencia pulmonar y alcanzada por gases lacrimógenos, es la última baja indígena en el Chapare, donde fruto de choques con uniformados murieron otros cinco labriegos en los últimos seis días.