Casi sin peregrinos ni turistas, Belén se despertó ayer con la presencia de trabajadores filipinos que viven en Israel y llegaron para celebrar la Navidad en el sitio del nacimiento de Jesús.
Las celebraciones se vieron ensombrecidas por el conflicto israelí-palestino, y particularmente por la controversia sobre una barrera de seguridad construida por Israel que atraviesa la ciudad.
Pocos cientos de turistas muchos menos que las decenas de miles que llegaban antes de que explotara la violencia visitaron la Plaza del Pesebre la Nochebuena para observar la procesión anual y asistir a la Misa de Gallo.
Pero para la mañana, la mayor parte de los turistas se habían ido, y unos 1,500 trabajadores extranjeros filipinos arribaron en autobuses a Belén para participar de los servicios religiosos que se ofrecen en inglés.
Golpeada económicamente por el conflicto, la Autoridad Palestina redujo su presupuesto navideño este año. Afiches políticos con la leyenda “Sin tierra, sin futuro, sin árboles de Navidad”, fueron colocados junto a unas pocas luces decorativas.
Por otra parte, un jefe militar de la Yihad islámica y cuatro palestinos murieron mientras que siete resultaron heridos ayer en un ataque de helicópteros israelíes contra un vehículo en Gaza, según un nuevo balance proporcionado por fuentes médicas palestinas.
Es la primera vez en dos meses que la Fuerza Aérea israelí lanza una operación de este tipo.
Mokled Hamid, de 40 años, jefe militar del movimiento radical islámico, murió tras la explosión de un misil disparado contra el vehículo en el que viajaba, precisaron.
El Ejército israelí confirmó en un breve comunicado la autoría de esta operación de "ataque selectivo".
En Tel Aviv, un palestino se suicidó ayer con una bomba y mató a otras tres personas en una parada de autobuses. El Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) se atribuyó la responsabilidad.