AHORA QUE LOS votantes han rechazado el gobierno unipartidista en Washington, ¿pueden un presidente intransigente y un congreso encabezado por la oposición ponerse de acuerdo para lograr algo en los dos años que restan? Se ha logrado en el pasado.
Aún así, el presidente George W. Bush y legisladores de ambas bancadas tendrán que dejar de lado al menos en parte su rencor preelectoral y suprimir cualquier deseo de desquitarse.
Bush trató de dejar atrás el tono rencoroso de la campaña a horas de su culminación al otorgar una de las máximas exigencias de los demócratas: la destitución del secretario de Defensa, Donald H. Rumsfeld. Invitó a los líderes demócratas recién elegidos a almorzar en la Casa Blanca y sirvió a la que será presidenta del congreso, Nancy Pelosi, su postre favorito, chocolate.
Por su parte, Pelosi dejó de llamar incompetente y peligroso al presidente. En vez de ello, calificó de amable el almuerzo y habló de "algunas áreas" donde el bipartidismo es posible.
Aún por verse está si los gestos conciliadores y promesas para trabajar unidos pueden durar lo bastante para que el Congreso y el presidente produzcan leyes que se encarguen de problemas mayores y restablezcan la confianza en el gobierno.
Existen los modelos a seguir. Y también las motivaciones: una agenda legislativa estancada en materia de inmigración, Irak y terrorismo, que los votantes consideraron importantes en las encuestas de boca de urna.
Bush y el Congreso podrían seguir el ejemplo del presidente Dwight Eisenhower y la nueva mayoría demócrata en 1954, que crearon el sistema de carreteras interestatales menos de dos años después.
Pueden emular al presidente Richard Nixon, quien firmó la aprobación de importantes leyes ambientales, la ley de Aire Limpio y la Agencia de Protección al Medio Ambiente, negociadas con mayorías demócratas en el Congreso.
Alentados por su aplastante éxito electoral y por la caída del jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, los demócratas comienzan a trabajar ya por más cambios en Irak y apuestan por la retirada gradual de las tropas estadounidenses.
Los líderes de la nueva mayoría parlamentaria están satisfechos con la renuncia de Rumsfeld, la cara visible de los errores de la guerra en Irak, pero quieren ir más allá y comenzar a pensar en el inicio de la vuelta a casa de los más de 150,000 soldados desplegados en el país árabe.
"El primer paso para la estabilidad en Irak es el redespliegue" de las tropas, aseveró el legislador demócrata John Murtha, uno de los más firmes partidarios de la vuelta a casa de los soldados de EE.UU.
Los demócratas consiguieron la mayoría en el Senado de EE.UU, luego que el candidato republicano por el estado de Virginia, George Allen, reconociera su derrota frente al demócrata Jim Webb.
Un 40.4% del electorado, lo que equivale a 83 millones de personas, votó en las elecciones legislativas de Estados Unidos, en las que los demócratas obtuvieron la mayoría en la Cámara de Representantes y el Senado. En el 1982 42.2% ejercieron su derecho al voto.
Congreso demócrata no estancaría a Bush
Los expertos señalan, que si se fuerza una retirada precipitada de Irak, se puede generar un conflicto civil.