El ejército estadounidense anunció ayer que tres soldados suyos murieron la víspera en Irak, mientras que Akila Al Hachemi, miembro del Consejo de gobierno transitorio iraquí, gravemente herida en un atentado en Bagdad, se encontraba en un estado estable.
Paradójicamente estos ataques deberían reforzar el gobierno transitorio, ya que el presidente Ahmad Chalabi reclamó al momento una mayor responsabilidad iraquí para hacer frente a los problemas de seguridad que conoce el país, pese a la presencia de 130,000 militares de la coalición dirigida por Estados Unidos.
La delegación iraquí que debía asistir a los debates de la Asamblea General de la ONU, que comenzarán mañana, y afianzar la posición de las nuevas autoridades en la escena internacional, abandonó Kuwait ayer con destino a Nueva York, sin Hachimi, que continúa hospitalizada.
Herida por balas cerca de su domicilio el sábado por la mañana, "sufrió dos intervenciones y su estado es crítico pero estable", afirmó el domingo un responsable estadounidense.
Un portavoz de Chalabi declaró anteriormente que Hachimi se encontraba "fuera de peligro" y que su "pulso y su tensión eran normales", según informaciones otorgadas por su médico, por su parte el portavoz de Hachimi aseguró que su estado estaba "en constante mejora".
Este atentado, el primero contra un miembro del Consejo de gobierno transitorio, fue atribuido por responsables iraquíes tanto a "asesinos a sueldo de Saddam" como a "terroristas extranjeros".
El secretario general de la ONU Kofi Annan, condenó el atentado contra Hachimi, signo de que la seguridad es un tema preocupante en Irak, afirmó. Las fuerzas estadounidenses sufrieron nuevas pérdidas la noche del sábado en el "triángulo sunita", al oeste de Bagdad, que cuenta con numerosos partidarios del presidente derrocado Sadam Hussein.
Dos soldados estadounidenses murieron y otros 13 resultaron heridos el sábado en un ataque con mortero a la cárcel de Abu Gharib, a 20 km al oeste de Bagdad, según el ejército estadounidense, mientras que otro soldado estadounidense murió en un ataque con explosivo contra un vehículo militar en la ciudad de Ramadi, 110 km al oeste de Bagdad.
Con estos ya son 82 los soldados norteamericanos muertos en Irak en los ataques que se han producido desde el anuncio del fin de las operaciones militares por el presidente estadounidense George W. Bush, el primero de mayo.
Ayer, se produjeron nuevos ataques contra fuerzas de la coalición. El cuartel general de las fuerza estadounidenses en Mosul fue el objetivo de un ataque con mortero, según informaron testigos que no pudieron precisar si hubo víctimas.
En Basora, tres policías iraquíes resultaron heridos, también en un ataque con granadas contra una comisaría de la policía de la localidad situada al sur de Irak, indicó un portavoz de la Policía.