Los modernos corsarios se apoderan de los bienes y piezas culturales de Panamá y el resto de los países. Estos saqueadores de tesoros no son Henry Morgan ni Francis, Drake quienes tomaban y se llevaban el oro para su propio beneficio.
Los nuevos bucaneros tienen otra metodología, cuya base es la planificación para obtener los bienes para luego venderlos en el mercado negro internacional. Hasta las piezas de los museos estatales son parte de los ambiciosos anhelos de los filibusteros.
En América Latina, el saqueo de sitios arqueológicos y los robos en los museos y edificios religiosos siguen ocasionando daños irreparables al patrimonio del continente y, así como de toda la Humanidad. Los objetos se sustraen inescrupulosamente de su contexto histórico para satisfacer la creciente demanda internacional de antigüedades.
El Instituto Nacional de Cultura (INAC) calcula que existen más piezas arqueológicas en manos de coleccionistas privados internacionales y gobiernos de todo el mundo, que en los museos panameños.
Este un problema internacional, ya que para la comunidad de profesionales del patrimonio el tráfico ilícito de piezas arqueológicas ha aumentado por la demanda de coleccionistas, así como por las grandes ganancias que reporta a los grupos dedicados a esta actividad ilícita. Los mercados más importantes de estos traficantes son Estados Unidos, México, Europa y Asia.
Debido a esta situación de emergencia, la comunidad internacional especialista en patrimonio desde el 2002 ha establecido una lista roja de bienes culturales latinoamericanos en peligro para contribuir a frenar el comercio ilícito de bienes, así como una para el el continente de África.
La lista latinoamericana contiene 25 ejemplos de categorías específicas de patrimonio cultural precolombino y colonial que son sistemáticamente saqueadas en América Latina y para las que existe una demanda considerable en el mercado ilegal de antigüedades. Esta lista roja fue establecida por un grupo de 60 profesionales de los museos y del patrimonio provenientes de América y Europa.
La lista roja es uno de los instrumentos del Consejo Internacional de Museos (ICOM), para luchar contra el tráfico ilícito de obras de arte y antigüedades. Identifica las categorías de objetos prehispánicos y coloniales (procedentes de todo el continente latinoamericano) que son saqueadas con mayor frecuencia y puestas a la venta en catálogos de subastas o en el mercado negro. Todas estas categorías de objetos están protegidas por la legislación nacional y su exportación queda terminantemente prohibida y bajo ninguna circunstancia pueden ser puestas a la venta.
Para ICOM, la lista roja es un llamado a los museos, casas de subasta, comerciantes de arte y coleccionistas para que dejen de comprar estos objetos. También está hecha para ayudar a los agentes de aduanas, a la policía y a los negociantes de arte a identificar dichos objetos.
Los datos rojos demuestran que no hay un sitio del que no se hayan apropiado los ladrones Un ejemplo es México en donde se estima que un 80% de todos los sitios arqueológicos conocidos en la península de Yucatán han sido saqueados.
Las vasijas policromas Mayas, los colgantes de jade y los relieves provenientes de estelas u otros monumentos están entre los objetos más codiciados. En la búsqueda de estos objetos, los saqueadores han destruido monumentos y tumbas en México, Bélice, Guatemala y Honduras, impidiendo reconstruir la historia de estos sitios.
Las condiciones son muy similares en la región amazónica, donde la inaccesibilidad de los terrenos y las dificultades para vigilar el área favorecen el saqueo y el comercio ilegal de las urnas amazónicas, que son particularmente apreciadas por su rareza.
De acuerdo con datos de ICOM, la alta incidencia de saqueos de tumbas en Ecuador y Colombia también se debe al aislamiento geográfico de los sitios arqueológicos, lo que dificulta la adopción de medidas de seguridad. Las figuras y vasijas Jama Coaque, que han sido encontradas en gran número, son muy populares en el mercado del arte. Asimismo, los artefactos de metal, tales como las máscaras Tumaco-Tolita, son muy preciados por su rareza y extraordinario valor, lo que ha resultado en incidentes tales como los robos que se llevaron a cabo en 1979 y 1987-88 en el Museo Carlos Zevallos Menéndez en Guayaquil, Ecuador. En el último episodio, los ladrones ocasionaron un fuego en el edificio para disimular el robo y muchas piezas fueron destruidas, o robadas y nunca recobradas.
Otros bienes codiciados por los ladrones son los colgantes águila de oro y otros elementos de orfebrería de Costa Rica y Panamá. En febrero de 2003, se denunció el robo de una gran parte de la colección de oro y plata del Museo Antropológico Reina Torres de Araúz. La mayoría de estas piezas, fechadas entre el 400 y el 1500 d.C., gran parte fue recobrada en mayo.
Corsarios y piratas en nuestros tiempos
El saqueo de piezas arqueológicas y el robo en los museos siguen causando pérdidas irreparables al patrimonio del continente y de la humanidad.