Con más de dos millones de hogares todavía sin energía eléctrica, gran parte de la costa Este de EU trata de recuperar la normalidad tras la furia del huracán "Isabel", mientras los científicos advierten de que puede duplicarse el número de huracanes en el futuro.
El presidente George W. Bush, quien ha declarado zonas de desastre en Maryland, Virginia y Carolina del Norte, recorrió ayer algunas de las zonas más afectadas al norte de Richmond.
Las autoridades avisaron que, si bien "Isabel" era un huracán de la categoría más alta ya se deshizo en tormenta tropical al sur de Canadá, todavía continúa el peligro de las inundaciones.
El gobierno federal -que mantuvo cerradas sus oficinas el jueves y el viernes pasado en la capital de EU- y los gobiernos estatales y locales volvieron ayer a sus actividades normales, mientras en muchas zonas de Virginia y Maryland siguen sin energía eléctrica.
Entre 24 y 30 personas murieron como consecuencia de los efectos de "Isabel", desde accidentes de automóviles hasta personas que quedaron electrocutadas o se ahogaron.
Pero, como suele ocurrir en Estados Unidos donde las aprensiones nunca escasean, detrás de "Isabel" se levanta lo que la revista "Time" calificó como "una sensación de amenaza creciente".
Algunos meteorólogos creen que se han formado en el Océano Atlántico las condiciones para la gestación y crecimiento de huracanes aún mayores, y que esas supuestas circunstancias acomodadas en los últimos ocho años durarán por lo menos una década, y tal vez más.
La Dirección Nacional de Océanos y Atmósfera (NOAA por su sigla en inglés) pronosticó que había un 60% de probabilidades de que esta temporada de huracanes fuera más intensa que la normal y un 35% de probabilidades de que fuese casi normal.