El presunto criminal nazi ucraniano John Demjanjuk aterrizó ayer en Múnich, tras perder su larga pugna por zafarse de la justicia, que a sus 89 años le hará responder del cargo de complicidad en el asesinato de 29,000 judíos en el campo de exterminio de Sobibor, en la Polonia ocupada.
La justicia alemana tratará de demostrar lo que no logró la israelí 20 años atrás: que Demjanjuk no fue una víctima del nazismo, sino un "Trawniki" -o guarda voluntario- que de preso pasó a convertirse en brazo ejecutor del plan de exterminio nazi.
Los alegatos de que a esa edad, en silla de ruedas por problemas en la columna vertebral y dolencias renales, hacerle responder ante un tribunal es una tortura no evitaron su extradición.
Los cargos que se le inputan le fueron leídos en cuanto llegó a Múnich y se le aplicó la orden de ingreso en prisión. Con la entrega a Múnich, se abre un nuevo capítulo en la larga trayectoria ante tribunales de Demjanjuk, quien se libró incluso de una pena de muerte dictada en Israel.
En Alemania se verá confrontado al testimonio del que se considera último superviviente entre los presos de Sobibor, Thomas Blatt, de 82 años, quien podría declarar contra el acusado. Blatt esta semana recordaba en "Der Spiegel" la extrema crueldad de los "Trawniki" ucranianos, que de presos pasaron a ser los peores torturadores.