La muerte de tres militares británicos el jueves en un atentado suicida en Bagdad intensificó las críticas contra el primer ministro Tony Blair por haber aceptado el pedido de Washington de redesplegarlos a una zona de Irak sumamente peligrosa.
El ataque fue perpetrado sólo dos días después de que las fuerzas británicas empezaran operaciones en Camp Dogwood.