Diego Lombana es un ejemplo de que los discapacitados son tan capaces y quizá más valientes que las personas normales.
Con una sordera profunda adquirida ha logrado superar todas las barreras, que tanto la sociedad como su padecimiento le imponen, pero para lo cual no ha habido tregua.
Hoy es un destacado joven graduado recientemente de bachillerato en la Escuela Franco Panameña con el segundo puesto de honor y un estudiante más en la carrera de ingeniería informática.
Y es que como él, muchos otros panameños se enfrentan a la sordera, la discapacidad invisible, ya que no se percibe a simple vista, no la conocen las personas ni lo saben, salvo que el afectado lleve audífonos puestos.
Tal como lo señala su madre, María R. de Lombana, es el encuentro con el mundo del silencio, pero lo más triste es que los sordos no buscan compasión sino una oportunidad para integrarse y que se les reconozcan sus deberes y derechos, una condición que aún en nuestro país no se ha alcanzado.
Es necesario mostrar una rotulación de que soy diferente para poder que se les respete, comenta.
Desde muy pequeño, cuando perdió la audición, ha luchado por romper el silencio en un mundo que realmente es de ruidos.
Pero Diego es hoy el más fiel ejemplo de que las discapacidades no son un argumento para apartar a nadie.
Su madre reconoce que ha sido una labor muy ardua y angustiosa con sus familiares.
"Hemos tenido que adaptarnos para tratar de unificar criterios y llegar a feliz término con Diego.
Hace muchos años, cuando Diego fue declarado por los especialistas como sordo profundo, María inició una difícil batalla para hacerlo un hombre de bien, en medio de negativos pronósticos de los expertos, y confiado en la bondad de Dios.
Aprendió el lenguaje de signos e intentaba comunicarse con él de cualquier forma, a pesar de que era muy duro.
Reconoce que ha sido una proeza lograr que hable y tener el conocimiento en lo que el lenguaje de señas ha jugado un papel muy importante.
Diego fue educado en la terapia de comunicación total, que emplea métodos terapéuticos para lograr una educación integral.
Señala que algo importante para estas personas es no hacerles ver lo que no tienen, sino de lo que son capaces de lograr, explotando esas virtudes de forma positiva.
María reconoce que hay un factor vital en todo esto y es la fe. "Lo esencial en la vida, lo más importante fue enseñarle que Dios existía y que estaba en él".
Agrega que la familia es un patrón fundamental. No importa lo que se diga, hay que tener una fe plena de que para Dios no existe lo imposible y que se puedan vencer los obstáculos.
Diego libró una carrera contra la adversidad que hoy felizmente ha superado llevándolo a ser una persona destacada. Estudió en un colegio donde tenía que recibir 17 materias y manejar tres idiomas: inglés, francés y español.
Diego se graduó de VI año del Colegio Franco Panameño, escuela donde se enseña español, inglés y francés.
Uno de sus sueños es poder ser recibido por la embajadora de Estados Unidos Linda Watt.