Cientos de fallecidos en el terremoto que azotó el pasado miércoles la provincia china de Qinghái, y que ha causado al menos 1.144 muertos, fueron incinerados ayer, mientras los equipos de rescate continúan sacando a gente de entre los escombros.
Las autoridades locales han decidido que los cadáveres sean enterrados o incinerados para prevenir un posible brote de enfermedades en la zona.