Miles de pequeñas cúpulas de cemento cuidadosamente colocadas durante tres años por un grupo de entusiastas del buceo, para favorecer el crecimiento de corales, han revitalizado uno de los arrecifes más valiosos de Filipinas.
Chris Dearne, un inglés afincado desde hace 20 años en General Santos, al sur de la isla de Mindanao, y su amigo John Heitz, un americano también residente en esa ciudad, emplearon tres años para colocar con ayuda de otros buceadores, las cerca de 5.000 cúpulas por toda la bahía de Sarangani, de 230 kilómetros de largo.
Estas estructuras que se asemejan a un pequeño barreño y que tienen alrededor de un metro de diámetro actúan en las zonas dañadas como plataforma para que los organismos vivos se adhieran, de modo que después de un corto periodo de tiempo algunas pequeñas criaturas marinas puedan vivir en ellas.