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De fármacos a la integración

El programa empezó con la siembra de orquídeas y derivó en otras actividades como manualidades, pintura y huertos.


LOS TIEMPOS en que los enfermos mentales eran internados y abandonados en claustros hospitalarios sin posibilidad de reintegrarse a una vida productiva han quedado atrás.
Al menos esa es la aspiración de la mayoría de los médicos psiquiatras que impulsan un nuevo programa de atención fundamentado en un proceso de rehabilitación psicosocial, en donde la comunidad y los familiares juegan un papel importante.
Para Juana Herrera, directora del Instituto de Salud Mental, los manicomios han dejado de existir y ahora se trabaja en aspectos más humanos.
La tendencia es brindarle al enfermo mental una calidad honorable de vida, en donde se le ofrezcan posibilidades reales de rehabilitación para su reinserción en la comunidad de una manera activa.
Se requiere un tratamiento integral, que combine la administración de fármacos con terapia ocupacional.
Lo que se busca es que la población y la familia los acepte, porque de lo contrario se produce una pérdida de la personalidad, tanto del individuo como de su familia.
El psiquiatra cubano, Luis Vidal Palmer, expresó que el paciente para alcanzar una recuperación a través de la terapia ocupacional, requiere atravesar tres etapas.
Una en donde se establece que puede desarrollar una actividad útil; otra en donde alcanza cierto grado de independencia, y otra en donde se le permite vivir en comunidad.
Palmer reveló que para ello hay que compensar al paciente por espacio de un año, para su capacitación.
Según la experiencia cubana, un mecanismo que arrojó resultados positivos fue darles algún tipo de remuneración por desarrollar alguna actividad.
Esto evitó el rechazo de las familias y que el paciente alcanzara un sentimiento de utilidad.
En Cuba también se creó la figura del tutor laboral, es decir una persona que vigilará el comportamiento del paciente, que lo ayudará a realizar su labor.
Planteó que la aplicación paulatina de este método de integración produjo una sustancial disminución del número de enfermos internados en el hospital de La Habana, Cuba.
Para Herrera este es un método más humano, que permite a corto y mediano plazo la integración del discapacitado mental a la comunidad.
Involucra una mayor participación de la familia, la comunidad, organizaciones no gubernamentales y de las autoridades, debido a que es necesario crear condiciones para su readaptación.
Este nuevo método permite la disminución de los pacientes internados y que sea la familia la que asuma la responsabilidad de darle albergue.
Sostuvo que el instituto tiene la obligación de informar a la comunidad sobre este nuevo método y explicar cómo funciona y hacer entender que el discapacitado mental no es necesariamente una carga y que hay alternativas para mejorar su condición.
La propuesta ha enfrentado serias dificultades en algunos países, en donde su aplicación ha requerido de un gran esfuerzo de divulgación.
Nilda Graciela Bustos, experta argentina, aseguró que inicialmente la comunidad rechazaba la participación de los pacientes, en actividades fuera del Instituto de Salud Mental.
Explicó que obligó a los funcionarios a desarrollar un esfuerzo adicional, con la realización de reuniones explicativas sobre la nueva forma de ver las enfermedades mentales.
Aceptó que aún persiste un estigma contra los pacientes con alguna enfermedad mental y que sólo se puede solventar con un cambio de actitud.
Hubo dificultades con algunos especialistas apegados a los métodos tradicionales de tratamiento, que presentaban resistencia a la nueva metodología.
José Miguel Gómez, de República Dominicana, dijo que esta situación se repitió en su país, en donde los hospitales para atención de enfermos mentales están en las afueras de las ciudades y reciben muy pocos fondos para su manejo.
Otra dificultad fue que las autoridades gubernamentales no permitían el desarrollo del proyecto por recorte de fondos.
Lisbeth Morales, del Instituto de Salud Mental, reveló que en Panamá la aplicación del método de la terapia ocupacional ha dado buenos resultados.
Sostuvo que inicialmente sólo se desarrollaba un proyecto de siembra de orquídeas, pero que luego se ha derivado a otras actividades como la pintura, huertos y manualidades.
Morales explicó que este programa ha recibido el respaldo de médicos, trabajadores sociales y personal clínico.
  • Algis Torres, quien desarrolla el programa en Chilibre, explicó que buscan crear alternativas para que puedan recibir una atención que les permita reintegrarse socialmente.
  • En esa área no hay un centro especializado para atender estas enfermedades, a pesar de que existe una población de 120, 000 habitantes (en la región de Salud de San Miguelito y Chilibre) y que la técnica sería una alternativa eficaz para atender la demanda.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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