Una multitud de egipcios despidió al papa de la Iglesia copta Shenuda III, en la catedral cairota de Abasiya, donde el caos de la aglomeración causó la muerte de al menos tres personas y heridas a cerca de 40 más.
El fervor de los cristianos egipcios y el testimonial despliegue de las fuerzas de Seguridad permitieron que se forme una marea humana, de la que continuamente salen en volandas personas que se han desmayado o que presentan síntomas de asfixia.
A las personas se les dificulta moverse en la larga fila para despedir al líder religioso.
Tan solo un grupo de voluntarios intenta organizar la riada de fieles, que se aprietan en la explanada amurallada que rodea el templo, con un alto riesgo de avalancha, y apenas pueden moverse en el interior de la catedral.
Entre los que consiguen salir de la marabunta, muchos son mujeres y niños llorosos, algunos de los cuales han perdido incluso el calzado entre el gentío.
El Ministerio de Sanidad anunció, por su parte, que envió ocho ambulancias y dos hospitales de campaña a los alrededores del templo para ofrecer asistencia médica, tras comprobar la masiva presencia de fieles y los problemas que están sufriendo algunos de ellos.
En declaraciones divulgadas por la agencia de noticias estatal egipcia Mena, el jefe del departamento de Medicina del referido ministerio, Hisham Shiha, explicó, asimismo, que siete hospitales cercanos a la catedral multiplicaron los preparativos ante una eventual emergencia sanitaria.
En esos siete centros sanitarios se incrementaron las reservas de bolsas de sangre para transfusiones, así como el número de medicamentos y de equipamiento quirúrgico, el despliegue que se mantendrá hasta mañana, agregó.