El crimen campea por las calles de las principales ciudades de Irak, donde no sólo los políticos y los funcionarios están en peligro, sino que cualquier ciudadano con algo de dinero o posición puede ser objetivo de bandas armadas de delincuentes.
El Ministerio de Interior y el propio primer ministro, Iyad Alaui, han prometido la eliminación de la criminalidad común, para ello, las principales calles de Bagdad y otras ciudades se han llenado en las últimas semanas de policías y puestos de control, que inspeccionan vehículos y revisan los documentos de identidad.
La última víctima en Irak ha sido el gobernador interino de Basora, Hazem Taufik Ainachi, de 59 años, asesinado ayer en esa ciudad.