Pekín, la capital de China, se encuentra envuelta en su primera densa nube de contaminación de 2015, con niveles altamente perjudiciales para la salud que han llevado a las autoridades a desaconsejar las actividades en el exterior.
Según la Embajada de Estados Unidos en Pekín, que mide la calidad del aire con base en la concentración de las partículas contaminantes PM 2.5 -las más dañinas para el ser humano, ya que penetran directamente en los pulmones dado su pequeño tamaño-, la situación del aire es “peligrosa”, con niveles que han llegado a 545.