Los manifestantes continuaron atrincherados en la sede del Gobierno pese al estado de excepción decretado por el primer ministro tailandés, Samak Sundaravej, en Bangkok, donde al igual que el resto del país, la huelga convocada en las empresas públicas fue un fracaso.
Cercados por varios miles de policías desplegados para prevenir nuevo brotes de violencia, los seguidores de la antigubernamental Alianza del Pueblo para la Democracia condicionaron el desalojo del recinto a la dimisión de Sundaravej y su Gobierno, objetivos de la protesta que iniciaron hace 102 días. "Nuestra postura es firme: Sundaravej debe renunciar. Si no se va, no hablaremos con nadie", dijo el fundador de la oposición Sondhi Limthongkul.