Los científicos están probando retinas artificiales con la esperanza de poder devolver la visión, aunque sea parcialmente, a personas que hayan quedado ciegas por las causas más comunes.
La retinitis pigmentosa, que daña la visión periférica, y la degeneración macular, que hace borrosa o elimina completamente la visión central, afecta a millones de personas, especialmente a los ancianos.
Las dos enfermedades dañan irreparablemente la retina, la parte trasera del ojo que detecta la luz y convierte las imágenes en señales eléctricas para enviarlas al cerebro.
La meta de los investigadores, patrocinados por el gobierno, es crear dispositivos que puedan implantarse en el ojo y mejorar la visión al punto de reconocer rostros y leer letras grandes.
"Las prótesis de retina son la mejor esperanza en el futuro próximo para personas con enfermedades incurables que afectan la retina exterior", dijo el Dr. Mark Humayun, cirujano del Instituto Oftalmológico Doheny de la Universidad del Sur de California en Los Ángeles, quien ya ha implantado retinas artificiales.
En el 2002, se realizaron las primeras pruebas de retina artificial en seis pacientes. Con el implante, personas completamente ciegas podían leer letras de 30 centímetros de alto, distinguir un plato de una taza, identificar puertas y ventanas y no tropezar con objetos grandes, según Brian Mech, vicepresidente de Second Sight Medical Products.
La empresa de Sylmar, California, creó los dispositivos para el Proyecto de Retina Artificial del Departamento de Energía federal, que participa en investigaciones biológicas desde que las pruebas atómicas de los años 50 provocaron temor por la toxicidad radioactiva.
El primer dispositivo, llamado Argus One, era una pequeña cámara montada en un par de gafas oscuras y un microprocesador situado en la cadera.
El dispositivo biónico enviaba imágenes a un microprocesador con 16 electrodos implantados quirúrgicamente en la parte frontal de la retina, que permite la visión.