Londres, México y sobre todo Canadá están en la mira de muchos estadounidenses que, entre bromas y veras, se sienten incapaces de digerir cuatro años más de presidencia de George W. Bush.
En la bahía de San Francisco, en California, una de las zonas donde Bush ha obtenido peores resultados, la posibilidad de mudarse a otro país flota en las conversaciones en cafeterías, oficinas o en la Universidad Estatal de San Francisco (SFSU), donde profesores y alumnos prácticamente se dan el pésame al cruzarse en los pasillos.
Aunque en la mayor parte de los casos se trata de una forma de hablar que no ha de tomarse en sentido literal, el comentario da una idea de hasta dónde llega la antipatía hacia la administración republicana en ciertas áreas del país.
El presidente republicano obtuvo un apoyo del 15% en esta ciudad, mientras que el senador demócrata John Kerry se llevó el 83% de los votos.
A la vista de estas estadísticas, similares a las de otros condados de la bahía, decir que la victoria ha caído como un jarro de agua fría es quedarse muy corto, y no es de extrañar que algunos californianos se planteen este refugio político como una solución al problema.
Lo cierto es que el número de estadounidenses que ha acudido a la página web de inmigración de Canadá se ha multiplicado desde el 3 de noviembre, según dijo una portavoz de esta institución.
El columnista del "San Francisco Chronicle" Mark Morford recordaba en un artículo que había prometido, antes de las elecciones, que "si lo impensable llega a suceder (el triunfo de Bush), me voy de aquí. A Canadá, Francia, (o) Urano".