Uno de los últimos cardenales que vio a Juan Pablo II antes de que empeorara la salud del Pontífice, dijo que el Papa sonrió dulcemente mientras descansaba, reclinado sobre varias almohadas, mientras trataba en vano de murmurar algo.
El cardenal Mario Francesco Pompedda, quien figura entre lo principales asesores legales del Vaticano, dijo al diario romano La Repubblica que el Papa estaba recostado "en una gran cama, cubierta de frazadas blancas".
"Junto al Papa estaban dos enfermeras, quienes lo cuidaban"", así como otro clérigo polaco y una monja, añadió.
El decano de los cardenales del Sacro Colegio, el francés Eugene Tisserand, expulsó entonces a los periodistas de Castelgandolfo y confió a un jesuita de Radio Vaticano la responsabilidad de administrar la información.
Juan XXIII, que sufría desde hacía meses de un cáncer, se encamó sólo tres días antes de su muerte. Durante este tiempo los periodistas durmieron en la sala de prensa, que se encontraba a la sazón en el recinto de la ciudad del Vaticano, pegados a los escasos teléfonos para ser los primeros en dar la información.
En cuanto a Juan Pablo I, se sabe que murió de un infarto fulminante, lo que desconcertó a todo el mundo. Una religiosa lo encontró por la mañana muerto en su cama, con los documentos sobre los que trabajaba en la mano.