Un grupo de investigadores españoles del Hospital Clínico de Barcelona anunciaron hoy que se ha logrado identificar el genoma del Plasmodium vivax, uno de los parásitos que transmiten la malaria, en cuya secuenciación genética han participado varios equipos internacionales.
El doctor Pedro Alonso, responsable del equipo español, explicó que el Plasmodium vivax, olvidado durante años por la ciencia porque se consideraba que su patología no era significativa, es, junto con el Plasmodium falciparum, el más infeccioso y peligroso, uno de los cuatro agentes más importantes en la transmisión de la malaria.
Los otros dos son el Plasmodium malariae y el Plasmodium ovale, que están presentes principalmente en África, mientras que el vivax es más habitual en Sudamérica y Oriente Medio.
Responsable de muchos casos.
Aunque la malaria provocada por el Plasmodium vivax es raramente mortal, esta enfermedad supone una terrible carga para la salud y la economía de los países que la sufren, y se estima que es el responsable del 25 al 40 por ciento de los 515 millones de casos anuales de malaria que se producen en el mundo.
El descubrimiento del genoma del Plasmodium vivax, liderado por The Institute for Genomic Research (TIGR), y que publica la revista Nature en su último número, reveló que es mucho más parecido al genoma de Plasmodium falciparum de lo esperado.
Así, se ha visto que de los más de 5,550 genes identificados, de los cuales la mitad son hipotéticos, ya que a pesar de tener su secuencia codificada, se desconoce la función que cumplen, sólo tiene unos 150 específicos del vivax, que serían las dianas para nuevos estudios.
Hernando del Portillo y Carmen Fernández-Becerra, investigadores del CRESIB (Centro de Investigación en Salud Internacional de Barcelona), explicaron que también se ha visto que el vivax tendría mecanismos alternativos de infección de los eritrocitos, las células de la sangre humana en las que se cobija y se multiplica el parásito durante su complejo ciclo vital.
Los científicos señalaron que estas vías alternativas de infección no se habían observado en investigaciones precedentes, y que con la información genética que ahora se tiene, la comunidad científica deberá encontrar la forma de aprovechar estos hallazgos para combatir la malaria o paludismo.