El Gobierno chino celebró con llamadas a la unidad étnica, el Día Nacional y el 60 aniversario de la fundación de la conflictiva región autónoma de Xinjiang, festividades ensombrecidas por la cadena de explosiones provocadas por paquetes bomba que han sacudido el sur del país, y han causado siete muertos.
Una nueva deflagración sacudió un edificio público de la localidad de Liucheng, en la región meridional de Guangxi, un día después de que otras 17 explosiones afectaran a la sede del gobierno comarcal, la estación de autobuses, un hospital, centros comerciales y una prisión, entre otros objetivos.
Al menos otra persona resultó herida en la explosión, lo que eleva a 52 las víctimas que tuvieron que ser atendidas en hospitales por el ataque, uno de los más graves de los últimos años en cuanto a número de explosiones y áreas afectadas.
La Policía informó de la detención de un presunto autor de los ataques, un vecino de 33 años, apellidado Wei, y medios locales indicaron que se interceptaron hasta 60 paquetes sospechosos.