Se dice que una vez en Tora Bora, Afganistán, un grupo de soldados norteamericanos estuvo a punto de detener al líder de la red Al-Qaeda, pero de repente, el hombre escapó sin dejar rastro.
Corrió el rumor que vendió su escape con la antigua estrategia de dar piedras preciosas con extraordinario valor.
Igual sucedió con Mohamed Atta y sus secuaces, los hombres que se estrellaron el 11 de septiembre en las Torres Gemelas y el Pentágono.
Mounir El Motassadeq, un marroquí investigado por cobijar a Atta en su residencia de Hamburgo, Alemania, indicó que los terroristas pagaban con mucho dinero y hasta con diamantes para entrenarse en prácticas de aviación.
No solo el terrorismo internacional utiliza los diamantes para financiar el miedo y ocasionar tragedias en varios países. También las guerras civiles, la esclavitud, las drogas y la prostitución tienen su origen en el dinero de la venta de piedras preciosas.
Según Amnistía Internacional (AI), los diamantes ensangrentados, o de zonas en conflicto, exacerban las guerras civiles y los abusos contra los derechos humanos.
"Con estos diamantes, en los últimos tiempos se han financiado en África conflictos que han provocado la muerte y el desplazamiento de millones de personas", destaca un reportaje de AI.
Durante estos conflictos, los beneficios del comercio ilegal de diamantes, que ascendían a miles de millones de dólares, sirvieron a los caudillos militares y a los grupos rebeldes para comprar armas.
Amnistía Internacional calcula que en Angola, la República Democrática del Congo, Liberia y Sierra Leona han muerto 3.7 millones de personas en conflictos mantenidos gracias a los diamantes.
Aunque en Angola y Sierra Leona ha acabado ya la guerra y en Congo han disminuido los combates, el problema de los diamantes de zonas en conflicto no ha desaparecido.
A pesar de que en 2003 comenzó a aplicarse un sistema internacional de certificación de diamantes, denominado "Proceso de Kimberley", los diamantes de zonas en conflicto de Costa de Marfil pasan al comercio legítimo de diamantes a través de Ghana.
Como ha mostrado el brutal conflicto de Sierra Leona, incluso una pequeña cantidad de diamantes de zonas en conflicto puede causar grandes estragos en un país.
Según los investigadores de AI, entre 1991 y 2002, en Sierra Leona murieron violentamente más de 50,000 personas, más de dos millones se vieron desplazadas dentro del país o se convirtieron en refugiados en otros países, y miles fueron víctimas de mutilaciones, violación o tortura.
Hoy día, Sierra Leona está todavía recuperándose de las consecuencias del conflicto.
El impacto de la venta de diamantes ensangrentados debe ser analizado por los gobiernos y los organismos internacionales, para poner fin a la barbarie que causan, recomienda AI.
Es increíble que semejantes bellezas de la naturaleza sean las causantes de tanto dolor y sufrimiento.
La ONU impuso restricciones a la exportación de diamantes ensangrentados, argumentando que financian ejércitos enfrentados a gobiernos legales o bien prolongando de esta forma los conflictos armados en África y Sudeste de Asia.
Por ejemplo, la guerrilla angoleña UNITA recibió 3,700 millones de dólares vendiendo diamantes.
Se estima que un diamante puede costar entre dos mil a tres millones de dólares según su calidad y pureza.