Los países miembro del Consejo de Seguridad de la ONU hicieron explícitas sus divergencias ayer sobre los pasos a seguir en la crisis iraquí, a pocos días de la presentación del informe crucial de la misión de inspectores de la ONU.
Estados Unidos y sus aliados británicos puntualizaron que "el tiempo está agotado" para el régimen iraquí en franca oposición a las posturas de Francia, China y Alemania, quienes afirmaron que la opción militar es prematura y apoyando nuevas inspecciones.
El ministro alemán de Relaciones Exteriores Joschka Fischer advirtió que Berlín podría no respaldar una acción militar contra Irak porque teme que tengan lugar "desastrosas consecuencias" para la estabilidad regional y agregó que ello perjudicará la lucha mundial contra el terrorismo.
Estos comentarios de Fischer no fueron del agrado de EU cuyo secretario Colin Powell, rechazó la posición alemana y advirtió al Consejo que no puede ser "impotente" frente al desafío iraquí. Powell y el canciller británico, Jack Straw, defendieron su posición de que Bagdad no ofrece cooperación y consideraron que la vía diplomática se acerca a su fin.
El Consejo de Seguridad de la ONU alertó ayer a todos los países sobre la necesidad de aumentar los esfuerzos para impedir el "serio y creciente peligro" de que terroristas puedan tener acceso a armas nucleares, químicas y biológicas.
Después de una hora se escucharon ráfagas. Uno de ellos volvió asustado y apenas alcanzaba a hablar. Pero mencionó que se trataba de paramilitares. Los indígenas que viajaban con Nengue y los periodistas en evidente desesperación advirtieron que no deberían seguir.
Penton se negó a volver y decidió continuar el viaje. Una hora después estaban cercados por un grupo de hombres armados que según dijo Alcázar, llevaban mochilas con las iniciales de las ACCU (Autodefensas Campesinas de Córdoba - Urabá).
Eran unos 12 subversivos los que lo capturaron. Se inició un interrogatorio que desencadenó un intercambio de palabras y finalmente Alcázar fue llevado con ellos, aduciendo que se valdrían de él como guía para llegar a Púcuro. Finalmente fueron unos 60 paramilitares, según recuerda, los que llegaron con él a Paya el sábado.
Desde Paya, aproximadamente a las 6:00 de la tarde, Gilberto Vásquez, sáhila de Púcuro, el cacique y dos jóvenes partieron hacia esta última región en compañía de los norteamericanos y el resto del grupo.
Como a las 9:00 de la noche acamparon pero poco después se oyeron disparos incesantes, por lo que Nengue supuso, que ellos, que venían detrás habían sido asesinados. Sus nombres: Pascual Ayala, Luis Enrique Martínez y Gilberto Martínez.
Después de la tragedia, en Paya se viven momentos desgarradores. Justino González, de TVN, confesó que "tenía miedo... no se sabía con qué nos encontraríamos y no habían policías". Milton Monteza, el camarógrafo compartió ese sentimiento. En la noche esas imágenes aún no encontraban descanso en su mente.
Los indígenas que sobrevivieron al ataque y al saqueo, se abalanzaron a la cámara para implorar comida y "seguridad porque somos panameños".
Sobre una rústica asta, ondeaban desesperadamente la Bandera Panameña para que el helicóptero aterrizara. No eran náufragos pero el campo a su derredor estaba minado. Tenían temor y estaban aislados.
Isidro Ayala, de unos 40 años, familiar de uno de los presuntos muertos, perdió el control. Aterrado narró que se llevaron "la ropa, el dinero de las mujeres, un rifle y la comida. Queremos ayuda, guardias, seguridad, yo soy de aquí, no soy extranjero".
El hijo de Vásquez observaba en el fondo. Las lágrimas ya corrían por su rostro, intentaba lograr las fuerzas pero lo vencía la tristeza. "Mi papá murió apuñalado"... y rompió en llanto.
Los cuerpos, según dijeron, están a unos 15 minutos por el camino entre Paya y Púcuro, unos apuñalados y otros con las huellas de una ametralladora. El sitio fue minado por los insurgentes y resulta impenetrable.
En su mayoría los moradores abandonaron los caseríos. Se dirigieron a Boca de Cupe donde son atendidos por misioneros del Vicariato. Los desplazados ya no son colombianos, sino panameños que huyen de su propio territorio por la amenaza de fuerzas foráneas. Se trata de unos 472 kunas y emberás, 324 menores de 18 años, entre ellos dos niños de dos meses, uno de un mes y cuatro días y uno de ocho días. Además unas 95 mujeres y 57 hombres, entre ellos uno de 60, uno de 80 y dos de 70. Unas 18 embarazadas y cuatro recién dadas a luz.
Mientras los medios de comunicación fueron los primeros en llegar al área de los hechos, en la capital el Consejo de Seguridad convocó a una conferencia de prensa para decir que no tenían información detallada de los sucesos. En esa conferencia la Policía Nacional confirmó la muerte del indígena Gilberto Vásquez. Explicó que la desprotección de las áreas fronterizas obedece a "circunstancias" especiales que han obligado al retiro de la Policía.
El director de la Policía, Carlos Barés, explicó que los estadounidenses desaparecidos no son periodistas ni tampoco investigadores de Discovery, sino personas que querían aventurarse a cruzar la zona, a pesar de que fueron advertidas del peligro que corrían.
Señaló que tuvieron contacto con la embajada de Estados Unidos sobre la desaparición de los estadounidenses y con el gobierno de Colombia, sobre la necesidad de reforzar la seguridad.
Precisó que los informes extraoficiales indican que la comunidad de Paya fue atacada por un grupo de 50 insurgentes, quienes incendiaron varias viviendas y saquearon los comercios. "Mientras Colombia no refuerce la seguridad es poco lo que puede hacer Panamá porque se trata de un área de difícil acceso y muy distante", planteó.
En tanto, en el Hospital Santo Tomás permanece bajo estrictas medidas de seguridad el indígena Casildo Ayala, de 19 años, quien resultó herido en el abdomen y el cuello, presuntamente por una bayoneta durante la incursión.